Mantras

Intro

Fer, Mariví, enhorabuena.

Pensé que este sería, y sin lugar a duda está siendo uno de esos momentos, uno de esos en lo que, si me dieran a elegir, no querría estar en ningún otro sitio, ni con otra compañía más que aquí, ante vosotros, dedicándoos estas palabras.

Espero que disfrutéis escuchándolas, al menos tanto, como yo al escribirlas y nos transporten, por unos minutos, a recuerdos que atesoro y que, junto a este, son ya, parte de nuestra historia.

Dice así:

“Estira” y “una raya” resuenan en mi cabeza compitiendo, como bien nos enseñaste, por dar título a este discurso.

Son mantras que todavía oigo en tu boca y que me han dado aliento, tanto dentro como fuera de una piscina.

Piscina

Dedicadme unos segundos, por favor, cerrad los ojos y acompañadme una tarde de domingo, a una competición cualquiera. Sentid el gorro en la cabeza y aseguraros que las gafas están bien apretadas para que no se caigan.

Oíd el bullicio y como se asoma, por encima, un “vamos Carlos”, que me dedica Mariví al verme en el Poyete algo nervioso.

Escuchad el preparados y el silencio ensordecedor que deja a su paso.

Tomad conmigo la última bocanada de aire y sentid, como, apenas un segundo después, el árbitro hace el gesto opuesto y un silbido nos libera.

Imaginad mis manos casi acariciando la superficie del agua cuando, una vorágine de recuerdos, atropella a estos dedos que tratan, torpes y apresurados, de captar toda la magia que habéis traído a nuestras vidas.

Y sentid la energía y la fuerza con la que los, aprieto, uno contra el otro a la vez que dejo las palmas, bien planas, para que no se me escape nada importante.

Justo ahí, antes de dar la primera brazada, te escucho pensar, pero quién te ha enseñado a ti a saltar y te oigo comentar ¡25 años nadando y ha salido el último… y además, sigue saltando hacia arriba…

Lo que me recuerda que no importa en la posición que salgas, que en España no se hubiese jugado antes a nuestro deporte, o que el mejor club de natación máster, lleve TENIS en su nombre.

Pero volvamos un segundo a esa piscina. 125 metros por delante para acabar mi querido 400 estilos y oigo de nuevo y claramente ¡ESTIRA!. Y lo vuelvo a oír, lo oigo cada vez que saco la cabeza, y cada vez que lo hago, siento como si esas palabras me impulsasen. Ahora no soy solo yo el que está nadando.

Qué bonito que un deporte tan individual pueda ser, a la vez, tan de equipo. Y cuánto de vosotros hay en esto.

Siempre he admirado vuestra capacidad para crear comunidad y rodearos de personas especiales a la que, además, hacéis disfrutar.

Durban

Y hablando de disfrutar, uno de mis recuerdos más preciados, del que eres, juez y parte, nos remonta 16 años atrás.

Acabamos de llegar a Durban y te estoy echando una mano con el GPS. Ponemos rumbo a momentos de muchos sabores, pero con un característico olor a cloro. La semana vuela y entre calentamientos, vitaminas, partidos, nervios, alegrías, y masajes de pies, hay un mantra que se va abriendo paso y nos guía de partido en partido.

De repente nos vemos en una final y puedo volver a escucharte recordad, este partido se gana raya a raya, y yo que soy un mandado, me repito en cada metro que avanzo por la banda, una raya Carlos, una raya.

Que suerte que jugásemos a lo ancho de una piscina olímpica, y que las rayas, como yardas en el futbol americano, marcasen el camino hacia la portería. Que filosofía de vida más bonita.

El resto ya es historia, la historia del día que subimos, juntos, a lo más alto de ese pódium, la historia de cómo una vez, y gracias a ti, levantamos la copa de campeones del mundo sub 19 de hockey subacuático.

Por ese momento, Fernando, te estaré a ti, y a los que lo hicisteis posible, eternamente agradecido.

Seguiría con un “bajo el cielo estrellado de Sudáfrica”, pero eso ya es otra historia…

Tu, tu forma de ver el mundo y de entender el deporte ha cambiado las vidas de los que estamos aquí…

Piscina

La proximidad al muro es mi billete de vuelta, estoy acabando ya la prueba (es que 400 da para mucho. Los que lo nadáis sabéis a que me refiero) y justo antes del último volteo escucho un “venga que ya lo tienes” levanto la cabeza y estáis ahí. Os veo a los dos acompañados de una sonrisa aderezada con la emoción y el orgullo, con el que también estáis viviendo este momento. Y es que podéis estar muy orgullosos de lo que habéis creado.

Mariví

Mariví, estás preciosa, que mágico ha sido acompañarte hoy. Cuando escribí esto pensé, que no había tenido la suerte de compartir tanto contigo como con Fer. Ahora, me alegro de haber tenido la oportunidad de sumar, el día de hoy, a nuestros recuerdos. Destellos, como el que narraba antes.  Entre ellos: tus ánimos, tu dulzura, o una mañana en el Brains intentando nadar a tu ritmo. En todos ellos, me sonríes y me tratas con ese cariño y cercanía tan especial, tan tuyo. Pienso, que suerte tiene Fer de tenerte.

Os deseo que este proyecto que hoy formalizáis os traiga felicidad y alegría. La misma que nos ha traído a nosotros el conoceros. Os deseo emoción, ilusión y felicidad parecidas a la que sentimos en cada campeonato cuando caminamos los últimos metros de la cámara de salida.

Os admiro y, como fiel admirador también, del que siempre será el más pequeño de los príncipes, soy consciente de la importancia de los ritos. Este, que hoy hemos honrado, en este sitio tan especial, me parece valiente, tierno y mágico, me hace creer en el amor, el mismo que celebramos y que definiría como aceptación incondicional, la alegría por la existencia de una persona y la decisión de trabajar activamente por su felicidad.

No se me ocurre persona más perfecta el uno para el otro…

Momentos

Nuestros cronos de colores ya han dado muchas vueltas, series, pull boys y volteos; tablas y bañadores; decenas de gorros, aguas abiertas, travesías solidarias y campeonatos por media España y medio mundo.

Nos hemos visto crecer, nos hemos hecho mayores juntos. Hemos gritado eso de (seguro que alguno no se puede aguantar el corearlo)

Chamartín chamartín no se compre ni un Pepín

Que rima también con el tallarín rebozado de aceite y de sal que antecedió en Sheffield a las muchas rayas que recorrimos después.

Y me emociono, y siento el calor del verano en una piscina, ya descubierta, donde solo a un genio se le ocurre traer un inflable, y jugamos al rey de la colina. Tú y yo, en lo más alto, haciendo un poco de judo.

Me dejo ganar, caigo por el tobogán, y al llegar me salpican mil recuerdos, escapadas en bici, agua, bañadores; autobuses, toallas, gorros, aviones, más agua, aletas, cenas de equipo, hoteles, o tu idea de comunidad. Mañanas, tardes y noches contigo, con vosotros, aventuras, entrenamientos, constancia, agua, pasión y montar unas bandas para el campeonato que jugábamos al día siguiente; Felicidad, mucha felicidad y agua, más agua, siempre agua…

…Y el penúltimo de ellos, una llamada para invitarme a lo que hoy es nuestro presente. Que ilusión me hizo escucharlo…

…y digo el penúltimo, porque el último fue uno de tus regalitos pidiéndome, hace apenas una semana, que te echase una mano con las fotos.

Estos son algunos de mis momentos más preciados. Todos tenemos los nuestros. No sé cómo hubiese sido mi vida sin vosotros, lo que sí que sé es que todo esto, os lo debo y por eso, yo, y todos los que ahora asienten al sentirse identificados, os estaremos, siempre agradecidos.

Gracias

Gracias,

A ti Fer por tratarme como a un hijo y por hacerte querer como un padre.

A ti Mariví por esa alegría y el cariño que destila cada una de tus sonrisas y que os acompañará a los dos para siempre.

A los dos por esa energía y pasión contagiosa que os caracteriza.

Y como no, también a los pediatras, y ese acuerdo secreto que tenéis firmado con ellos, y que me trajo, por primera vez, a una piscina.

Gracias por hacer que en esas piscinas me haya sentido como en casa.

Gracias por esa forma de ver la vida a través del deporte, una piscina, a veces, con rayas transversales.

Gracias por cada uno de esos estira.  Gracias por cada momento, juntos.

Es Mágico como ciertas personas nos cambian la vida. Sois mágicos. Me alegra que existáis.

Estira, una raya, el Chamartin que no se come ni un pepin, o un tallarín son mantras que me acompañarán toda la vida…

Fer, Mariví, os seguiríamos al fin del mundo y, sin duda, lo haríamos como mejor sabemos.

Nadando.

Os queremos.