• «Mirarte a los ojos» Nacho Aldeguer

    No sé hablar mirando a los ojos.
    Tengo manojos de extroversión,
    puedo hablar hasta por los codos,
    ser el mejor amigo de todos
    y no fijar mi atención en vuestra belleza.
    Soy demasiado flojo,
    ¿tengo que hablar?
    no necesito entablar conversación.
    Chica, tengo un amigo al que le molas
    mogollón
    y compartís canción favorita.
    Quiero hablar para que te derritas
    con mis rayos de emoción
    pero soy demasiado flojo y
    mi alborozo cae en un pozo
    si no oigo afección mientras
    compongo ilusiones frente a esos ojos
    que no me atrevo a mirar
    por miedo a que me mientan…
    Disimulo tan bien que nadie se da cuenta
    y grito, gesticulo, y aunque no me pega
    me hago el chulo
    aún con los ojos vendados
    estaría vendido…
    Tengo un amigo argentino
    que cuando leo me recuerda que estoy jodido.
    Mis ojos caen al suelo tras un aplauso merecido;
    Chica, quiero impresionarte de lejos
    porque frente a frente tendré miedo
    de tu mirada y conocerte,
    me aterrará hacer lo que más me apetece:
    Ser un niño con mirada de bandido
    por diversión.
    Y quedarme en blanco, o en negro,
    quedarme quieto. Los ojos hablan
    más rápido que el corazón, ¡se adelantan
    a una boca que va a decir te quiero!
    Pero yo no los miro porque el síndrome
    de Stendhal lo llevo fatal.
    Sabiendo todo esto, solo puedo proponerme
    sobreponerme a mi esclavitud mental.
    Dejar de posponerme mis días en el jardín
    de felicidad que puede ser esta ciudad
    dependiendo de cómo la mires.
    Y dejar de fingir seguridad para empezar
    a vivir con el miedo,
    que es un buen amigo
    que cada vez aguanto menos.
    Soy de esa clase de hombres buenos
    que llevan mal que ser malo luzca tanto,
    y esa incoherencia que arrastramos
    nos la acabamos por tragar,
    lo mires como lo mires
    yo construyo mi hogar,
    y prefiero una casa pequeña
    a un palacio impersonal.
    Que es más bonito este juego de miradas
    con la cámara que despotricar,
    ¡Oigo tan pocos poemas felices…
    Pero hoy tenemos narices rojas
    y sonrisas que regalar!
    ¿Cómo están ustedes? ¡¡Bieeeeen!!
    Tenemos miradas que nos incitan a amar,
    tenemos chistes malos que contar,
    tenemos intrigas divertidas que revelar,
    tenemos inocencia suficiente para iluminar
    cualquier estrella, inocencia para eliminar
    cualquier atisbo de culpabilidad.
    ¡Joder, chica! Tenemos de todo
    y no nos hace falta de nada.
    «Mirarte a los ojos» de Nacho Aldeguer

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